viernes, 8 de agosto de 2014

El disfraz de los violentos



   Siempre me resultó altamente sospechosa la devoción que tantos hombres dominantes del BDSM muestran hacia la palabra consenso, la cantidad de veces que la repiten en sus exposiciones y su forma cuasiteatral de rasgarse las vestiduras ante la menor sombra de sospecha de que el consenso puede no cumplirse en una relación sexual entre adultos. Yo no ignoro lo fácil que resulta para una mujer el transformar a su supuesto amo en un servidor de sus femeninas fantasías. El consenso entonces vendría a ser como un reaseguro: frente a la comunidad de sus pares, él sigue conservando su dignidad de dominante. El no es un cumplidor de las fantasías de ella; el ha consensuado con ella. Omite decir que lo que ha consensuado es lo que ella quiere, dentro de los límites que ella ha dispuesto. Así es como ella lo acepta como amo. Estos casos tan obvios de topping from the bottom hasta me resultan simpáticos porque lo que yo observo detrás de este culto al consenso es algo mucho más pesado, mucho más oscuro y amenazador.

   En el ambiente del BDSM argentino abundan chicas jóvenes, de situación económica de media hacia abajo, muchas llegadas a Buenos Aires desde el interior, muchas que ni siquiera han terminado el colegio secundario. Resultan fácilmente encandiladas con la verba del señor amo que enseña BDSM y presume de conocer a la perfección todas las técnicas y sus riesgos. El señor amo es el que va a todas las reuniones de la comunidad, el que está detrás de la organización, el que siempre viste impecablemente y presume de su compromiso ético con los derechos de la mujer, las minorías sexuales y la lucha contra toda violencia. Algunos hasta se entrometen en temas de Femdom donde se atreven a cuestionar a las Amas y a los sumisos que no cumplen con sus preceptos.

   Estos individuos saben perfectamente como manejar los puntos débiles de las chicas y cuales son sus necesidades materiales, afectivas y sociales. Saben así como se obtienen los preciados consensos para poder ejecutar sus actos con impunidad. Dentro de la cofradía de los amos, ellos son los líderes, los machos alfa. El resto los admira como un modelo a seguir. La máxima hazaña a imitar parece ser conseguir sumisas que se dejen golpear y flagelar hasta provocarles heridas y después publicar las fotos de sus culos maltratados para regodeo y aplauso de la tribuna. El vejamen del culo desollado. No se confunda el lector: yo no condeno el spanking ni los castigos. He presenciado sesiones de spanking, algunas realmente duras, y sé que el spanking bien ejecutado puede dejar marcas pero no escoriaciones que en lugar de admiración requerirían de asistencia médica antes de que se transformen en vía de acceso a infecciones. Y qué pasa con las sumisas? El hambre disciplina dice un viejo refrán y por otra parte, el aguante ante las lesiones recibidas les otorga ese status tan admirado de chicas duras. La fiesta se completa con el consumo de alcohol y/o drogas que suele ser admitido como parte insustituible de cierta cultura trash que a esta altura ya parece inseparable del ser BDSM nacional porque significa la ruptura con la sociedad que supuestamente los discrimina. 

   Sin consenso es abuso. Sin consenso hay violencia. Hay que ser tolerante y no objetar mientras sean prácticas consensuadas.

   Los fabricantes de lemas mienten. Lo que el consenso representa en estos casos es el aval de la comunidad para cometer actos de violencia contra las mujeres con el falaz argumento de que son prácticas consensuadas y que, por lo tanto dejarían de ser violentas y entrarían dentro del BDSM.

    Lástima que en las fiestas de la comunidad, cada tanto aparece uno que no calcula bien sus movimientos, no entendió bien de qué va la cosa y se le va la mano con quien no debe. Entonces, frente a la denuncia, la cofradía quema sus discursos de respeto y diversidad y actúa en serio: los machos alfa se abroquelan junto a los demás, las chicas aparecen más festivas y sumisas que nunca para dar la sensación de que acá no pasa nada y está todo bien y el indeseable es expulsado por el dueño del circo, en silencio y pretendiendo que nadie se entere. Nadie lo nombrará: es como si nunca hubiera existido. Y la fiesta del BDSM argentino sigue rodando igual que siempre: un negocio insensato e inseguro pero siempre consensuado.


10 comentarios :

  1. excelenteeeeeeee . PALOMA

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    1. Gracias, querida PALOMA, amiga y compañera de tantas fiestas Femdom.

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  2. De acuerdo. En este medio es bastante fácil que se desdibujen las líneas que separan lo seguro y sensato (de lo que no lo es), bajo el amparo del consenso. Un saludo impregnado de admiración. Raven BP

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  3. nunca mejor dicho !!!! son muchos los seguidores de consenso dibujado con lamano y borrado con el codo ! digamos q se deja pero no q me lo pide por q le gusta . aguantate un poco q la del lado va 100 azotes y vos recién 50. EGOS EGOS Y MAS EGOS !!!

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    1. Gracias por comentar BAD ANGEL! Que valor el tuyo!

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  4. Excelente texto, y bien marcado el sentido de que estos "tipos" de Dom, lo único que hacen es violencia de genero...Ezekielo

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    1. El consenso es fácil de obtener cuando sabes encontrar personas debiles. Gracias ezekielo.

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  5. Ahora te entiendo mucho mejor, Mistress Roxy, cuando hablas sobre el consenso. En realidad creo que lo que quieres denunciar es la hipocresía de un consenso mal entendido y que se utiliza para justificar los abusos.

    Es muy triste lo que cuentas sobre esas pobres chicas a las que nadie protege.

    En otro comentario dije que no me pareces sádica. Aquí creo que se hace evidente que no lo eres. A los sádicos les gusta hacer daño, daño de verdad. Y disfrutan también con esas fotos de chicas lesionadas.

    Me ha encantado esta entrada.

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    1. Lamento que continues tan equivocado con respecto a lo que es sadismo. Definir sadismo como gusto por hacer daño es una definicion incompleta y parcial, propia de ignorantes que desconocen toda la sutileza morbosa y femenina que encierra el concepto de ser sádica. De todos modos, creo que luchar contra esa idea deformada es perder el tiempo.

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