sábado, 14 de febrero de 2015

John Lennon y la media naranja



   En la semana de San Valentín, esta columna está dedicada a quienes aún creen en el amor de la pareja.

   



   
   
   Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta. 

John Lennon
    

  No deja de ser irónico que el autor de esta frase es el mismo que alcanzó años después su completitud cuasiperfecta de la mano de su matrimonio con la señora Yoko Ono, su musa inspiradora de bellas melodías románticas que sin caer en la cursilería, expresan como casi ninguna otra de nuestro tiempo el genuino sentir de un hombre enamorado por su mujer.  

   Me ha tocado ser testigo de algunos encuentros afortunados de medias naranjas que se conocieron motivados por el gusto común por la dominación y sumisión o algún fetiche, se descubrieron como naranjas enteras y hoy van por el mundo juntos y muy felices. Habiendo recorrido por años las sadopistas de la mano de mi propia media naranja, mi dominado marido bautizado el conde cheshirecat, puedo atestiguar el gran número de personas que detrás de una fantasía sexual, lo que en realidad buscan con fervoroso deseo es a su partner personal, a su peoresnada, a su horma fetish, a su media naranja. Mi experiencia es que nadie se sintió completamente feliz hasta hallarla y nada puede compararse a la satisfacción tierna y amorosa que aporta como complemento. Soy bastante incrédula cuando leo a los liberales practicantes BDSM, en su ruptura con la sociedad, proclamar sus declaraciones de viva el poliamor o soy soltero y libre. No creo ser una buena celestina pero quisiera poner por escrito mi creencia de que el mito de la media naranja desparrama alegrías y asegura una estabilidad emocional ideal para hacer volar en la realidad a cualquier fantasía.  

   Las estadísticas y la experiencia nos demuestran que los hombres que están solos tienden a buscar pareja, no así mis congéneres que prefieren esperar o quedarse en estado de soledad un tiempo antes de volver a involucrarse sentimentalmente. Somos las mujeres tan autosuficientes que no deseamos volver a encontrar otro amor, marido, novio, pareja, macho, compañero? O es que el varón no puede concebir la idea de quedarse solo? A veces pienso que el mundo femenino es tan abarcador, seductor, contenedor y hasta complejo que el hombre no puede extraviarse en los abismos de la soledad sin intentar descubrir una compañera de órbita.

   En lo personal, el mundo masculino es envidiado por su simpleza, su innata tendencia a buscar una recta como la línea más cercana entre dos puntos. No hay muchos grises. Pero nosotras somos más difíciles. Vemos y percibimos muchos grises: el gris topo, el gris humo, el gris plomo. Somos definitivamente más complejas. Nuestros pensamientos suelen ser  desde lo emocional, mas inductivos y cuestionadores, podemos bailotear con varios temas a la vez, desde lo extrasuperficial hasta lo ultraprofundo. Pero (siempre hay un pero) esa necesidad que a ellos los hace tan adorables, los vuelve tambien mucho más directos a la hora de elegir a su dulcinea. Tienen fijas las coordenadas de su sistema solar amoroso. Muchas de nosotras hemos intentado cambiar esas coordenadas y hemos fallado a lo largo del tiempo. Para ellos somos el Sol de su vida pero siempre y cuando caliente a la temperatura justa, como si ellos buscaran calentarse y nosotras a quien calentar. Por supuesto que ellos, desgraciadamente, muchas veces orbitan alrededor de estrellas destructivas que los condenan al frío lejano o al eterno calor que impide la supervivencia y su amor termina muriendo bajo el sol equivocado.

   Somos Nosotras las que tenemos mucho calor para calentar Tierras enteras y hacer reinar alegrías que opaquen todo desencuentro. A pesar de correr el riesgo de congelamiento o de insolación, de perder el jugo y las semillas, de vivir refunfuñando frustradamente por haber sido heridas por quien creímos era nuestra media naranja, hay buenas razones para seguir descreyendo de la frase de John que abre esta columna y buscar encontrarnos con nuestra mitad en una ensalada frutal que es el goce del sexo. O bien, de encontrar otras razones lennonianas, en himnos inmortales como éste....




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