jueves, 30 de abril de 2015

Visibilizarme? No, gracias





   Una regla de oro, una de esas sentencias imperecederas que resisten el paso de los años, nos dice que cuando una mujer entra al baño, debe cerrar la puerta. Se sabe a qué entró y se sabe lo que pasa adentro, pero no hay porqué exhibirlo.

   Internet nos pone en contacto con muchas personas de todos los sexos. Entre ellos, están los revolucionarios de la sociedad informática que dicen luchar para que su sexualidad, sus gustos y sus preferencias, sean visibles para la sociedad urbana en la que viven y exijen adhesiones a su causa como condición para no ser tachada de falsa o careta

- Porqué utilizas un nick? Tienes miedo a no ser aceptada?
- No. Lo que ocurre es que mi familia y mis amistades no tienen porqué saber de mis gustos sexuales.

   Mario Vargas Llosa sentenció que para disfrutar a Sade era indispensable la nerviosa clandestinidad. La intimidad sádica debe ser secreta, el motor de la sexualidad es el morbo clandestino y transgresor. Mi morbo está ligado a un parcial secreto, al juego de esconder algo de lo personal, de poner a resguardo una parte de lo que soy y lo que pienso. Sé que la sociedad en general y mis amistades y familia en particular, no me tolerarían si me mostrara a plena luz. Tendría mucho más para perder que para ganar.

   A mi pesar, parece que tengo la manzana rodeada por los psicólogos - peregrinos de sexualidades interneteras y reuniones sexuales kinky. Suelen ser chicas y muchachos jóvenes aunque también encuentro cuarentones patéticos con pretensiones de estar viviendo su segunda adolescencia. Tienen un denominador común: están decididos a formatear a fondo la procacidad. Desde esa posición superadora, dan la cara, anuncian sus nombres, publican sus fotos explícitas anulando todo misterio erótico y reclaman lo mismo a los demás, intimándonos a mostrar nuestra privacidad con la misma soberbia con que exigen que la suya sea aceptada. Pues entonces, mi respuesta sigue siendo No. Puedo desearte sexualmente en un reservado tenuemente iluminado pero no tengo porqué enterarme de otros aspectos de tu vida, no me interesa conocerte de día y menos me interesa (es más, me desagrada) la foto casera de tu culo, tus tetas o tu verga de la que tanto te pavoneas. En esas fotos explícitas y caseras, quizás vos ves libertad y ruptura de tabúes; yo sólo veo una intimidad deserotizante, falta de cuidado y una búsqueda desesperada de aceptación que sólo revela inseguridades.

   Estoy segura que las grandes visualizaciones de culos que se dan en Facebook ahuyentan mucho más de lo que atraen. Las parejas swingers se muestran con sus nombres reales y el culo desnudo de la mujer como avatar. El culo viene a ser como el documento de identidad de la pareja; como si fueran tan distintos a otros miles de culos que se ven en Internet, con el agravante de que éste suele posar en cuatro patas en una cama desordenada con mesitas de luz llenas de vajilla berreta, cajones mal cerrados, desprolijidad y desorden; fotos instantáneas sacadas con más calentura del momento que con la técnica y sutileza necesarias para seducir y atraer. Suponen que con la exhibición desnuda del culo femenino, se identifican y convocan a otros, pero muchos de los que ya estábamos nos vamos, quizás para no volver. No tenemos nada que demostrar.

   La desatada libido femenina rompe todo formato y norma social, las normas sin las cuales nuestras relaciones se destruirían en un caos. Para evitarlo, nos refugiamos en un oculto microcosmos erótico donde las mujeres sádicas vivimos como emperatrices romanas (así nos definió mi sumiso marido cheshirecat) sirviéndonos de esclavos y esclavas según nuestros deseos y en donde no hay ley ni policía ni justicia. Ese orden sádico, tan insultante y sexista; podría conservar su atractivo si sus cultoras nos mostráramos a cara descubierta desde lo cotidiano? 

   Tiene sentido correr el riesgo de perder tanto placer clandestino a cambio de un premio tan escaso como lo es la aprobación social? Si como Dómina o simplemente como mujer sexuada y libre tienes todo lo que deseas..para qué arriesgarlo en nombre de una bandera que quizás ni siquiera es tuya?

   Ensayaron reprimirnos en nuestros nocturnos vagabundeos de placer y no pudieron. Entonces intentan neutralizarnos llevándonos a la luz del día para que mansamente aceptemos entregar uno de nuestros históricos fuertes femeninos: esa antigua y sabia combinación de misterio y fantasía. Que no te engañen. Animate a ponerte un nick muy distinto a tu nombre, un nick que te guste y te excite. Animate a no ponerte en cuatro patas mostrando el culo. Animate a conservar tu mundo íntimo lejos de miradas curiosas.

   Decile No a la violencia de la visibilización forzada. 


El artista es el creador de cosas bellas. Revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte.
Oscar Wilde. Prefacio de El retrato de Dorian Gray.



jueves, 23 de abril de 2015

Tus sexies botas negras a lo Pretty Woman


   

   Como toda genuina amante de las botas por causas estéticas, por el goce del fetiche o simplemente por el placer de seguir una moda sexy, Lady Teri, la madrina de Bootlovers y su blog asociado Booted up, solía rebelarse e indignarse contra el prejuicio tan común que dicta que una mujer que usa botas thighhighs en la calle equivale a una prostituta. Lady Teri no deja de citar a la película Mujer Bonita (Pretty Woman) como el ícono inoxidable que nos etiquetó para siempre a todas las mujeres que amamos lucir cuero y vinilo hasta más arriba de la rodilla. Ratificando una vez más que una imagen vale más que mil palabras y argumentaciones, el poster de la película, con una sonriente Julia Roberts apoyada en el hombro de Richard Gere y calzando las famosas botas de puta, ha marcado a fuego nuestro imaginario colectivo. Si en los años sesenta, de la mano de Brigitte Bardot y Jane Fonda, las botas y la minifalda eran sinónimo de la nueva mujer sexualmente libre y aventurera, en los noventa se volvieron un símbolo de la chica de la calle que debe abandonarlas en el closet de los recuerdos infames cuando conoce al príncipe azul que la redime y la transforma en la novia perfecta para presentarle a mamá. Otro sueño de libertad transformado en pesadilla.

   Entonces, echémosle nafta al fuego. En Buenos Aires, muchas de las chicas travestis que recorren los bosques de Palermo eligen usar botas por arriba de la rodilla. Quizás ni conozcan la historia de Cenicienta moderna que protagonizaron hace décadas Julia y Richard y aunque hayan visto la película, tampoco creo que pretendan imitarla: el tacón de la bota de Julia era demasiado bajo para lo que hoy se considera sexy. Yo me inclino a pensar que ellas, que nacieron varones, saben mejor que nadie como las botas altas estilizan la figura y les permiten sabiamente ocultar rodillas y piernas de aspecto masculino. Como casi siempre son más altas que las mujeres biológicas, el espectáculo visual que ofrecen en su ondulante caminar sobre botas y tacones es un imán de femineidad sensual irresistible para los hombres fetichistas. Así es como involuntariamente, las chicas de la noche de hoy terminan por cerrar el círculo de la profecía autocumplida: no sólo el hombre fetichista de las botas altas es un cometravas sino que la mujer que las calza es una puta, a menos que sea una topmodel en una revista de modas.

   A diferencia de Teri, yo prefiero divertirme desafiando las convenciones. Cuando salgo con mi esclavo marido para vivir una noche de puterío y adulterio, casi siempre lo hago vistiendo botas thighhighs de plataforma y tacos muy altos. No pierdo tiempo combatiendo el prejuicio sino todo lo contrario: como parte de mi juego sádico, me gusta alimentar el fuego de la hoguera para calentar aún más mi propio goce prohibido y condenado. No suelo engancharme en cruzadas justicieras perdidas de antemano intentando que la gente pacata cambie su forma de pensar.

   Lady Teri propuso una vez en su blog que los fetichistas de las botas deberían formar un cuerpo de elite: los Embajadores de las Botas, cuya misión, si la aceptaran, sería recorrer sitios web elogiando a las chicas que muestran su gusto por las botas pero sin recurrir a comentarios groseros. Ella cree que muchas chicas jóvenes se muestran reticentes a usar botas sexies porque temen quedar asociadas al imaginario colectivo impuesto por aquel poster pero si los admiradores se mostrasen galantes y respetuosos y evitaran insinuaciones sexuales en sus comentarios, muchas más se inclinarían a vestirlas por moda o simplemente por placer.

   Los Embajadores de las Botas cuentan con todo mi apoyo, aunque dudo del éxito de sus iniciativas. El calzar botas altas es toda una declaración de principios: si te gustan y tienes la personalidad para llevarlas, las usarás aunque lluevan los comentarios negativos a tu alrededor. Pero si no te atreves, no habrá embajador que pueda convencerte. Ojalá que Teri tenga razón porque yo también deseo ver llegar el día en que Pretty Woman no sea recordada como una tonta comedia sobre una puta redimida mediante el matrimonio con el consabido galán millonario sino como lo que fue en su origen: una hermosa canción de Roy Orbison.




viernes, 17 de abril de 2015

Casa Howhard: el paraíso trans de Roberto Baldazzini









   El prólogo con que Moebius nos introduce en el mundo de Casa Howhard es mucho más que el elogio a la obra de Roberto Baldazzini. Es una declaración de principios. El genial dibujante italiano nos abre las puertas de un paraíso: la casa Howhard es una comunidad de chicas travestis, de rasgos dulces y expresiones aniñadas, rebosante de placeres, donde el sexo trans es vivido con naturalidad y sin traumas, sin el menor asomo de culpas, sin necesidad de reivindicaciones que lo expliquen, sin postulados filosóficos que lo justifiquen ni torturas redentoras que lo vuelvan sórdido. El clima que Baldazzini sabe crear nos lleva a imaginar a Casa Howhard como un paraíso que no está perdido sino que aún no ha sido encontrado. 

   De toda la obra de Casa Howhard que abarca cinco volúmenes, seleccioné esta breve historia en dieciséis imágenes para mi Magazine. La acción se inicia en un living muy adecuado para el goce sexual en donde once chicas travestis reciben a Miss Liz, una de las más importantes figuras de la Casa. El primer cuadro nos da una vista general cuando Miss Liz presenta a su sobrina Angela, una belleza de pelo negro, curvilínea figura y grandes pechos. Las chicas devoran a Angela con la mirada y la excitación crece cuando Liz les anuncia que ella es virgen y que entre todas van a jugar a un bingo en donde el premio es la propia Angela. 



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   Miss Liz es la figura de la casa: una diosa trans en tacos altos y guantes largos operagloves con un precioso corte de pelo estilo carré, exhibiendo su figura estilizada y sus pìernas de top model a través del tajo de su largo vestido de fiesta. Liz es claramente dominante pero Baldazzini es muy sutil para presentarla con los exquisitos rasgos de una maestra sexual de ceremonias, querida y respetada, de quien emana una natural autoridad sin ser autoritaria. Ya en el cuadro 2 debe contener a Josie que comienza a masturbarse, excitada ya con sólo contemplar a la fosforescente Angela, en el cuadro 4 se dirige a Roxy y a la chica que está a su lado (seguramente su pareja) recordándoles que por el momento sólo les corresponde observar a Angela, que se entrega sin temores a la primera ganadora del bingo. Su nombre es Joan. Joan elige masturbarse entre las enormes tetas y eyacular sobre ellas



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   La segunda llamada al placer le corresponde a Chris, una de las más codiciadas de la Casa. Chris es una virtuosa del sexo oral y suele ser la elegida por todas las que quieren viajar a la cumbre del orgasmo llevadas por sus labios y  su lengua. El culo virgen de Angela es irresistible para ella y la hace volar de placer lamiéndolo y penetrándolo con su lengua. Todas las chicas las rodean, temblando de excitación y casi incapaces de contenerse ante el espectáculo. Una de ellas sonríe y refrena a las demás. Déjala ser. Todas nosotras ya disfrutamos de su larga lengua. Es que esta noche es la noche de Angela. Pero Chris llega al orgasmo antes de lo pensado y en su propia mano, sin haber podido gozar de Angela todo lo que hubiera querido. Don't get greedy le responde Liz. El bingo debe seguir. 


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    You have to go shower, Angela es la frase con que Chris la despide al ver su piel rebosante de semen. Pero la esclava ya está concentrada en su nueva dueña, Beatrice, la tercer ganadora. Al ver a Angela por primera vez, en el primer cuadro, Beatrice se dijo a sí misma Ella es demasiado bella para mí. Y así ocurre: demasiado excitada e incapaz de contenerse ante la mano de seda de Angela que la masturba en suaves caricias, Beatrice, al igual que antes Chris, eyacula inesperadamente. Indignada, reclama otra oportunidad pero nuevamente Liz hace valer su autoridad. Beatrice ha perdido su turno y debe renunciar a Angela para que la siguiente ganadora tome su lugar y la fiesta prosiga.

  
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   El cuadro 9 nos da otra vista completa del living de los deleites. En el centro de la cama, Angela ya está en brazos de su nueva amante. Su nombre es Paulette. Mejor dicho, Paulette ya está en la boca de Angela. Mientras tanto, en uno de los sofás, Roxy es sodomizada sin reparos por su novia y en el otro Josie es el jamón del sandwich entre otras dos que se entretienen con ella mientras conversan sobre como piensan ganar el siguiente bingo. Al lado de la cama, Beatrice continúa quejándose por el momento perdido con Angela pero otra de las chicas se aprovecha de la situación. Le sugiere al oído que olvide el episodio y la consuela penetrándola mientras la abraza por detrás. Beatrice se muestra muy accesible y facilita la entrada echando el culo hacia atrás y levantando una de sus piernas en una pose muy sexy, apoyando un pie entaconado sobre la cama en donde la puta de Angela le ha dado la espalda porque sólo tiene ojos y boca para Paulette, una beldad de pelo corto que se recuesta en la cama apoyada en uno de sus sus codos para no perderla de vista. Quizá teme que alguna de sus insaciables amigas se la roben o a lo mejor sólo quiere mirarla mientras es lamida y chupada porque no se trata sólo de sentir el placer de la boca cálida y húmeda sino también de no perderse el espectáculo de la preciosa Angela en acción. Una aparentemente satisfecha Chris se tiende a su lado para mirarlas mientras otra de las chicas se masturba y eyacula de rodillas, frente a ellas. 
   
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   En este mundo sensual y femenino de placer y orgasmos, las chicas sólo quieren divertirse pero Miss Liz va siempre un paso adelante. En el cuadro 9, ella le da la bienvenida a Sylvia, la nueva protagonista, que le confiesa tener un especial sentimiento hacia Angela. Mientras tanto, Angela disfruta la descarga tibia y lechosa de Paulette en su garganta, que la hace relamerse de gusto. Paulette además le promete contactarla con un productor de películas pornográficas. Es que el sueño de Angela es llegar a ser una pornstar travesti.


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    Todo es goce y fiesta para Angela pero su culo aún es virgen. Es el momento en que ella le reclama a su tía que no puede esperar más hasta gozar del big prize. Nunca sabremos si la tía Liz hace trampa o si la diosa Fortuna la favorece pero la quinta ganadora de la noche es Sylvia. En otros episodios, a Sylvia le ha correspondido el rol de ladiesmaid o de mucama. Nunca logra cumplir apropiadamente sus tareas porque es víctima de un constante acoso por parte de sus compañeras de casa. Se comprende el porqué: Sylvia es tan alta y sexy como Liz con el agregado de estar espectacularmente bien dotada. Un big prize para Angela que vuelve a confesar, frente la gran verga enhiesta de Sylvia, que es su primera vez, que vaya despacio pero se abre de piernas como la puta que es, lista para recibir al monstruo. Pero Sylvia no se lanza sobre ella como las demás. Primero le confiesa su amor.
  

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   Alrededor de Angela y Sylvia, las chicas se entregan libremente a sus deseos. Mientras Josie se masturba, la chica que penetraba a Beatrice se arrodilla sumisamente ante Miss Liz que no pone reparos en ser adorada y devorada por sus labios anhelantes. La que ahora sodomiza a Beatrice es Joan quien a su vez abre la boca para mamar a una de las chicas que estaba con Josie. Paulette se tiende en el suelo y Chris se sienta sobre ella devorándola con su culo. Insaciable Chris, gime Paulette, gozando. Roxy y su novia intercambian roles.  Ajena al mundo que la rodea, Angela intenta cabalgar dentro suyo al enorme miembro de Sylvia y escucha como ella le confiesa que está haciendo realidad su más hermoso sueño. Angela sólo quiere seguir gozando de su nueva amante, abandona la montura fálica y tendiéndose en la cama, se ofrece sin límites a su sádica corruptora que la hace explotar de placer cuando por fin la penetra hasta el fondo sin compasión. Se echa de espaldas y levanta sus piernas para entregarse completamente a Sylvia, que la empala de frente, alzando su grupa con sus fuertes manos para así poder llegar hasta lo más profundo de su amada sumisa. Angela se rinde sin lucha y se deja llevar por el vaivén de la sodomía, le pide a Sylvia más y más, que siga, que no detenga ese ir y venir maravilloso que la vuelve loca de placer y le grita a ella y a las demás que es toda suya, que nunca deje de llenarla de sexo.....


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   Un precioso final. Liz habla por teléfono con su amada Julia y le cuenta las novedades: lo que ha nacido entre Angela y Sylvia es mucho más que diversión y sexo. Las chicas se aman. Mientras Liz habla, un hilo de semen de una de sus amantes rueda por entre sus labios y la insaciable Josie no despega su boca de entre sus piernas. All right, much love, see you soon. Una noche más en Casa Howhard.



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Fuente

http://5.79.87.81/gallery2/v/comics+002/abk-002/_Roberto+Baldazzini_+Casa+Howhard+1+_English_/Casa_Howhard_37.jpg.html

viernes, 10 de abril de 2015

Mujeres sumisas se buscan...todavía






   Con motivo del día de la Mujer, celebrado en marzo pasado, traigo a mi Magazine una columna de Fernanda Sánchez. Temas? La mujer, la sumisa, el amo y el aparentemente indestructible masoquismo femenino. Para pensar y reflexionar.

   El éxito mundial de Las cincuenta sombras de Grey, una película de amor sadomasoquista que celebra la violencia y la dominación, hace pensar que tras décadas de lucha los viejos mandatos todavía persisten.


Mujeres sumisas se buscan... todavía


   Allá viene la marea de rosas de saludos. Ya hay promociones en tragos, en pizzas, en máquinas de depilar. Descuentos especiales para grupos de amigas en bares y en restaurantes para celebrar el domingo el Día de la Mujer. Pero si volviéramos al viejo truco de ponernos en la piel de un marciano para entender mejor qué pasa en la Tierra, veríamos esto: miles, decenas de miles de mujeres en todo el mundo ansiosas por ver una película a cuya protagonista se la humilla, cuelga y flagela por más de dos horas. Las sesiones (o deberíamos mejor decir sex-siones?) ocurren en una habitación punzó (un gabinete de tortura isabelino) y las conduce un tal Christian Grey, millonario, guapo e incapaz de disfrutar si no es pegando. Su partenaire se llama Anastasia y, como exige el lugar común, es joven, tímida, virgen, pobre. Y lo bastante lela, además, como para firmar un contrato que la convierte en la sumisa de un amo que, entre chirlo y sopapo, la abraza y duerme con ella. Si fuéramos alienígenas, posiblemente huiríamos de un planeta como éste. Pero como somos terrícolas puros y la fuga al cosmos aún no es opción, habremos de rendirnos a la triste evidencia: tras décadas de movilizaciones, luchas y conquistas, las cosas tampoco han cambiado tanto para las mujeres. Algo cambió, sí: hoy aquel cuarto propio con el que fantaseaba Virginia Woolf ha mutado en este cuarto rojo del dolor en donde una Cenicienta sadomaso disfruta la paliza en nombre del amor.

   No, muchachas, nadie aquí ha recorrido ningún largo camino. Y ahí están las pruebas: al día de hoy, no hay un solo país en el mundo donde los derechos sean idénticos para hombres y mujeres. Ni uno solo. De acuerdo, tal vez aquí no vayamos veladas hasta la coronilla como en Yemen ni sea usual que pandillas de hombres nos golpeen y desnuden en plena calle por usar minifalda, como sucede en Kenya. Pero en varios países de ese Occidente que adora apellidarse civilizado las mujeres ganan menos que sus pares varones. En Estados Unidos, por ejemplo, una mujer que haya tenido un hijo gana sólo 76 centavos del dólar que le toca al varón. Cómo? Qué tiene que ver todo esto con una simple película? Pues mucho más de lo que nos gustaría creer. Porque por más que muchas feministas hayan puesto el grito en el cielo, que la novela haya vendido 100 millones de copias, que haya batido a Harry Potter en la edición de bolsillo, que se haya traducido a más de 50 idiomas, que la película haya sido prohibida en cuatro países y que sólo en los Estados Unidos haya recaudado 81,6 millones de dólares en el fin de semana de su estreno, todo eso está diciendo algo.
   No menos cierto es que si se le borran las esposas, las cadenas, las fustas y los dildos, lo que queda es un cuento clásico, sólo que con un príncipe más freak que azul. Pero.. y lo otro? En qué parte fue que la paliza se tornó sexy y que la violencia física, pero sobre todo psíquica, se volvió pasión de multitudes? Explicaciones hay tantas como espectadoras y van desde un supuesto agotamiento femenino con relación a la autoridad (Queremos mandar en todos lados, menos en la cama, reza esta versión) hasta el clásico es sólo entretenimiento. Sin embargo, algo permanece ahí. Inefable pero presente. Será que uno de los logros más incuestionables del patriarcado ha sido volverse invisible. Ser lo que respiramos, lo que comemos, lo que decimos. El líquido amniótico que nos aprisiona a todos (hombres y mujeres) sin que siquiera lo advirtamos. Hasta que una historia como ésta llega a recordárnoslo.
   Así, apelando al viejo truco de la ficción, se ha vuelto a decir lo que ya no resulta políticamente correcto repetir en voz alta. Que en boca de una mujer un no es un . Que ella se lo buscó. Que el hombre es el que manda. Que, como rezaba aquel viejo tango llamado La canción de la mugre, en secreto todas las mujeres razonamos que las biabas de mi macho me las pide el corazón. Hemos pasado pues de Tus deseos son órdenes a Tus órdenes son mis deseos. Y no hay nada de inocente ni de bueno en ese giro. Porque, como apunta muy lúcidamente Soraya Chemaly en The Huffington Post, que en una película que se promociona como la avanzada de la liberación sexual femenina la heroína jamás llegue al orgasmo no es casual. Que la venta de entradas se haya disparado en los estados más conservadores de los Estados Unidos (ahí donde la tasa de embarazo adolescente es escandalosamente alta), menos. Y que la protagonista de la saga sea una veinteañera temblorosa que no sabe lo que quiere, tampoco. Porque él sí lo sabe (o para qué es hombre?) y por eso avanza sobre su voluntad, cuerpo y corazón como un brontosaurio entra a un jardín zen.
   La torzada ideológica para sostener esto no deja de ser ingeniosa: el cumplimento de un contrato de sumisión que le da un cariz risiblemente legal a todo el asunto. Desde un sitio de Internet, incluso, se invita a las fans de la saga a descargarse un documento similar para firmar con sus parejas. Allí se detallan delicias como la siguiente: La Sumisa tiene que obedecer en todo al Amo. Debe ofrecer al Amo, sin preguntar ni dudar, todo el placer que éste le exija y debe aceptar, sin preguntar ni dudar, el entrenamiento, la orientación y la disciplina en todas sus formas. Ya nunca lo sabremos, pero tal vez la chica alemana que fue atada a la cama con medias y preservativos por su novio haya firmado algo por el estilo antes de morir con el cráneo destrozado de 123 palazos. Hoy él está detenido, pero sólo se lo acusa de homicidio involuntario porque argumentó que la idea fue excitarse como en la novela. Mohamad Hossain, un estudiante de la Universidad de Illinois, también jugó a ser Christian Grey con una compañera de 19 años. La chica terminó en el hospital y él enfrenta cargos por violación.
   Probablemente, ninguno de estos episodios sea el último. Y no es alarmismo, sino simple lógica. Porque si en ese paquete dorado del millonario con problemitas que maneja helicópteros se nos dice que la violencia es una forma deseable de relación, lo demás vendrá solo. Si hoy resulta que lo nuevo en materia de derechos femeninos es sonreír mientras te azotan hasta sangrar, estamos complicados. Si hasta la policía de Londres denuncia el aumento de llamadas pidiendo auxilio por accidentes en el uso de esposas, algo no está bien. Pero si además de todo se instala como romántico y excitante que sea otro quien decida si uno come, a quién mira o cómo viste, bienvenidas otra vez al precipicio del deseo enajenado. Ahí donde ya no soy yo quien sabe lo que quiero, sino alguien más. Yo tonta, yo virgen, yo quieta. Yo muda. Muda. Todos los días deberíamos dar gracias a Dios por habernos privado a la mayoría de las mujeres del don de la palabra, porque si lo tuviéramos, quién sabe si caeríamos en la vanidad de exhibirlo en las plazas, anotaba Pilar Primo de Rivera, fundadora de la rama femenina de la Falange y promotora de ese primer modelo del contrato de sumisión que se llamó Guía de la buena esposa, 11 reglas para mantener a tu marido feliz. En ese libro, allá por 1953, se les aconsejaba a las españolas cosas como Regálale una gran sonrisa y muestra sinceridad en tu deseo de complacerlo o Déjalo hablar antes, recuerda que sus temas son más importantes que los tuyos.

   Hoy nos burlamos de todo esto. Yo viva, yo educada, yo libre. Pero, a no engañarse: el tiempo ha pasado; los mandatos, no. Siguen ahí, tatuados en los ojos de todos. Invisibles. Pero todavía intactos. La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera disimular, no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse, decía Pilar. Es eso, seguramente: disimulamos. Decimos que no cuando queremos decir que sí. Somos mentirosas, bobas, sumisas. Necesitamos un hombre que nos traduzca, que nos explique a nosotras mismas qué es lo que en verdad deseamos y hasta nos persuada de que las biabas, bien miradas, son sólo una variante ensangrentada del amor. No, no se confundía Pilar. Como mucho, se adelantó a su tiempo. Tardamos medio siglo, pero aquí estamos. Somos la marea roja de mujeres que satura los cines, sólo para decirle cuánta razón tenía.

Fernanda Sánchez

Fuente:
http://www.lanacion.com.ar/1773760-mujeres-sumisas-se-buscan-todavia

domingo, 5 de abril de 2015

Conejitas de Felices Pascuas

   El conejo en los Estados Unidos tiene un significado sexual y lo elegí porque es un animal fresco y vivaz.  En primer lugar te huele, luego se escapa, entonces trata de volver y entonces te deja acariciarlo y jugar. Una chica sexy se parece a un conejo: alegre y bromeando. La chica que nosotros hacemos popular, la Playmate, no es sofisticada ni inalcanzable. Ella es una chica joven, puede ser la chica de la puerta de al lado. No es la mujer fatal llena de ocultamientos; la conejita juega desnuda, le gusta jugar porque es feliz. 

Hugh Hefner. Reportaje a la revista Look por Oriana Fallaci, 10 de enero de 1967.

   
   Para celebrar estas Pascuas, qué mejor que un calendario de conejitas. Son once tapas de distintas épocas, que arrancan con la célebre primera Playboy de la historia con Marilyn Monroe en la portada. Y para el final, la foto del mes de diciembre y con espíritu navideño, la famosa foto de Bettie Page, conejita de enero del año 1955. Porque Bettie también fue playmate



Enero. Marilyn Monroe


Febrero. Jaclyn Smith


Marzo. Joan Collins


Abril. Brigitte Nielsen


Mayo. Claudia Schiffer


Junio. Farrah Fawcett


Julio. Cindy Crawford


Agosto. Anna Nicole Smith


Septiembre. Madonna


Octubre. Dita Von Teese


Noviembre. Pamela Anderson


Diciembre. Bettie Page


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