martes, 27 de octubre de 2015

10 Sensuales y Femeninas. Halloween. Las Vampiresas.


Diana Lorys en el cuello de Anita Ekberg




    La noche pone su gracia y tiñe desde adentro Mi necesidad de conexión sádica con esa mínima parte de la humanidad que comprende que en esta vida, ésta, la única que tenemos, es donde realmente podremos expresar nuestro deseo por la sensualidad. 
Halloween sado sensual y femenino




    Este fin de semana es noche de brujas y quise homenajear a mi manera a todas las vampiresas sádicas y femeninas que despertamos pasiones y excitamos lujurias. No esperes en este topten de videos alguna mención a las grandes obras históricas del género o a las joyas eróticas del lesbian vamp al estilo de The Hunger, con las inolvidables Catherine Deneuve y Susan Sarandon más el aporte de David Bowie o Les Levres Rouges (también conocida como Daughters in Darkness) con la rubia Delphine Seyrig como la reencarnación de la condesa Bathory. Ahorrate la crítica cinematográfica por lo que vas a ver. Lo que viene trae consigo poca o nula intención artística. Quiero reivindicar la desmesura y el golpe de efecto, el fetichismo de la vampira sensual, el primer plano de los sangrientos colmillos femeninos que asoman sobre escotes tan exagerados como los maquillajes y los tacos altos con que las chicas más malas de todas se adornan para morderte y desangrarte. Te excita fantasear en darle tu cuello y entregarte a una de ellas? Estas son tus 10 Sensuales y Femeninas. Halloween. Las Vampiresas.



Mordida 10. Tammy Parks. Vladamina de Titanic 2000.

Se abre el ataúd y una vampira que supo ser chica Penthouse, sale sonriendo y contoneándose, sedienta de sangre y sexo. Muy lejos de los sufrientes y oscuros looks de las antiguas condenadas, esta señorita de largos colmillos lleva brillantes uñas rojas que sobresalen bajo los largos guantes, sexies botas de tacón y un ardiente deseo lujurioso por pervertir a otras chicas. Así es Vladamina. Un buen comienzo.









Mordida 9. Glori - Anne Gilbert. Diana Ruthven de Countess Dracula Orgy of blood.

La hermana de Drácula se llama Diana y mientras su hermano la busca por todo el mundo deseoso de verla y reunirse con ella después de cientos de años, la chica no pierde el tiempo y se pasea por los night clubs de Los Angeles buscando saciar su sed de sangre depredando todos los cuellos femeninos que encuentra a su paso. Su melena rubia, las botas de taco acrílico y su corsette de látex dejan muy atrás a las antiguas y lúgubres habitantes de los castillos de Transilvania.






Mordida 8. Eileen Daly. Lilith Silver de Razor blade smile.

Eileen es una actriz británica de culto para los fans de las películas de vampiros y monstruos. El rol que la lanzó a la fama fue sin duda el de Lilith Silver, la chica mordida por un vampiro en el siglo diecinueve y que desde entonces busca venganza; se convierte en una asesina a sueldo vinculada a Scotland Yard y debe eliminar a los miembros de una secta de Iluminati que está comandada por su eterno enemigo, Sir Sethane Blake. Lo interesante del asunto es que mientras Lilith planea y ejecuta sus sangrientos crímenes, se viste y se maquilla como una hermosa dominatriz fetichista. Parece que en este oficio de asesina nocturna, sólo vale echarse encima todos los excesos.  






Mordida 7. Kristin Kreuk. Lana Lang de Smallville.

En la serie Smalville, Lana Lang es una eterna candidata a amiga - novia de Clark Kent (cuando aún no era Superman) y en este episodio de la quinta temporada (Thirst), ella ingresa en una hermandad universitaria cuyas integrantes son vampiresas. Lana pasa las pruebas de la iniciación a partir de un fogoso y sangriento beso lésbico y se transforma en una devoradora sádica de colmillos sedientos pero, a diferencia de las otras chicas de su grupo, parece que aprovecha su condición para vestirse muy fetish. Al final del episodio, Lana sólo desea morder a Clark y arrastrarlo a su mundo pero él está advertido y logra clavarle una jeringa con un suero antívampírico. Una lástima. Pero antes ella le confiesa que no está enferma, que nunca se sintió mejor, que desearía compartir con él la nueva fuerza que ahora tiene y que con su lado vampírico ha descubierto el poder de su verdadero yo, que hasta entonces había permanecido oculto. Una declaración Femdom.






Mordida 6. Aaliyah.  Akasha de Queen of the damned.

Hoy defenderé mi causa, mi sado, mi sensualidad, mi femineidad y mi insaciabilidad vampírica. Dejando de lado toda vianda macabra y apelando a la estética sin dejarme llevar por ningún lúgubre transfondo, espero reinterpretar el arquetipo de Vampiresa para absorber su esencia sádica, caprichosa, ambulatoria, nocturna, romántica, lasciva.... 
Dame tu cuello

 La película maldita que hizo honor a su nombre. Aaliyah falleció en un accidente cuando el film no estaba terminado, si bien ya había grabado todas sus partes. La historia de Lestat, un músico de rock que se enfrenta a la madre de todos los vampiros, Akasha.






Mordida 5. Maria Ford. Tournier de Night hunter.

La rubia parece el sueño dorado de cualquier hombre. Una preciosidad de melena enrulada, labios tentadores y sonrisa sensual, que se pone contenta cuando el auto no arranca porque parece desear tanto a su compañero que sólo quiere hacerle una buena fellatio. La acompañante ideal para el asiento delantero. Pero ay!, es demasiado linda para ser real. Ella esconde una sorpresa. 






Mordida 4. Jennifer Beals.  Rachel de Vampire's Kiss.

Hoy estamos en Halloween, no es luna llena y estoy muy lejos de algún castillo pero siempre llevo conmigo el deseo de que Mis colmillos insaciables pueden mostrarse afilados para salir en búsqueda de algún cuello que no me dará la vida eterna pero sí el perverso placer de mi juego de poder y si todo sale como espero, esa víctima de mi succión no se convertirá en murciélago humano, como cuenta la leyenda, sino en la criatura que alimente mi lujuria por esa noche.
Dame tu cuello 

Mi amada Jennifer, la chica Flashdance que humedeció mi entrepierna y también las de mis amigas durante nuestra adolescencia en los años ochenta. Ella es Rachel, ella es el despiadado beso de la vampiresa, hermosa y sensual en stockings y portaligas, sometiendo al pobre de  Nicholas Cage. Como en ninguna otra escena, en ésta se aprecia el simbolismo de la mordida como el mejor orgasmo Femdom.






Mordida 3. Roxy DeVille.  Roxy de Succubus of the Rouge.
  
Siempre, desde adolescente, sentí atracción por las mujeres vampiro. Y del vampirismo a lo gótico sólo hay un paso. La mujer vampiro siempre me generó una mezcla de miedo y deseo. He visto algunas películas en las que la vampira con su sensualidad atrae a la victima (un frágil mortal como yo) y lo seduce para que caiga en sus redes... siempre me calentó ese juego y no se si podria resistir a esa clase de invitación, aun sabiendo que es una trampa.  Tal vez embriagado por el deseo y la excitación, iría como hipnotizado a su boca, su cuerpo. Vos, Lady, tenés en algunos momentos la estética gótica, la estética vamp, que me mata.
Dame tu cuello

Así me definió una vez Carlos M, un sumiso al que estimo mucho. Será casualidad que la protagonista de esta Mordida, la número tres, también se llame Roxy?

 




Mordida 2.  Diana Lorys. Bertha de Fangs of the living dead (Malenka, la vampire).

Si de vampirismo lésbico se trata, qué mejor fantasía que hincarle los colmillos en el cuello a Anita Ekberg. La condesa Sylvia (Anita), además de su título nobiliario, hereda un castillo sin saber que está maldecido por la presencia de vampiros. Bertha y su mucama intentarán por todos los medios arrastrar a la rubia condesa a su inframundo. La única Mordida de cine histórico de mis diez elegidas.









Mordida 1. Amanda Donohue. Lady Sylvia de The Lair of the White Worm. 

Lady Sylvia oficia de sacerdotisa inmortal en un extraño culto celta dedicado a una serpiente blanca gigante. Aunque a nadie le importe demasiado el argumento del film, este personaje interpretado por Amanda Donohue es el que aparece en todas las listas cuando se busca  una escena protagonizada por una rutilante vampiresa en botas altas. El sadismo está omnipresente pero los últimos segundos, desde los 2:15 hasta el final, son sublimes.





Pero la  vida no siempre es como una novela. A veces, en los finales de la realidad, las vampiresas ganamos. Y ellos, los absorbidos y  esclavizados, los victimizados y sometidos, también reconocen, cansados pero sonrientes, que nunca la pasaron tan pero tan bien.





martes, 20 de octubre de 2015

La Venus de las Pieles y la condición de Severin







   Todas las noches él sueña con su Afrodita. No sólo es una obsesión sexual sino además una muestra de lealtad hacia Ella y hacia sí mismo. Si de lealtad se trata, nunca conocerás a nadie más leal a su Dama que uno de nuestros Severines. Ellos son los esclavos que se la juegan, son los últimos de los románticos, tan diferentes a los neuróticos pseudosumisos típicos de nuestro BDSM hispano, cargados de narcisismo, cuya supuesta sumisión muta instantáneamente en agresión cuando la mujer se niega a complacer sus fantasías. 

   Siempre digo que el esclavo no debería buscar a su Venus. Somos las Diosas amatorias las que, al encontrarlo, lo forzamos mediante nuestra seducción a firmar ese contrato que no tiene ninguna otra cláusula que nuestra voluntad de ser adoradas sin retaceos. Afrodita elige a sus feligreses y no al revés. Cientos de aspirantes llenan casillas de mensajes en foros, chats y facebooks  buscando al voleo alguna forma de acceso hacia las mujeres dominantes y rara vez consiguen lo que se proponen. En mi caso particular, reconozco que me generan cierta angustia. No me ofrecen nada en especial pero imagino lo que sienten. Lo que yo siento es que están equivocados al creer que a Afrodita se la busca; es el amor venusino el que te encuentra.

   La Venus de las Pieles es la más real de las fantasías eróticas masculinas (y en menor medida, también lo es femenina) pero sólo se concreta cuando las tigresas satisfacemos nuestros deseos y no cuando nos buscan cual perros hambrientos. Comprender que tu felicidad llega solamente cuando aprendes a complacerla es una premisa sádica e injusta pero así lo enseña la sabia condición que regula toda la historia humana que tiene que ver con el amor entre hombres y mujeres. El sumo placer llega de la mano de los excesos del sadismo, excesos que sólo pueden ser comprendidos y gozados por los sumisos sacerdotes que han decidido dedicar su vida al servicio de las peleteras poderosas y tiránicas.






    Las pieles (y cuando hablo de pieles, estoy hablando del fetiche - símbolo de poder) no son un condimento. Son el plato principal porque la Venus es de las pieles y no podría ser de un aburrido sueter gris. No existe la Venus en sueter gris porque no existe la Venus sin poder. Los esclavos son sibaritas del sexo y reconocen ese poder; su esclavitud no es otra cosa que su sometimiento a una diosa pagana, altanera y cruel. Nosotras somos la ley, la única ley posible. No hay posibilidad de consenso alguno, como exige el manual del BDSM mediocre. El no entendimiento de este axioma te convierte indefectiblemente en un sumiso ficticio.   

   Te daré todo sólo si eres mi Venus de las Pieles.   Y el dolor masoquista? Acaso el esclavo no sufre también? Sí, pero su sufrimiento nace de la pérdida de tiempo en búsquedas infructuosas, de la incomprensión y la burla que encuentra entre las fracasadas candidatas a Venus y en el temor a perderla cuando finalmente cree haberla hallado porque sabe que su destino es ser por siempre el amante adorador de la femenina Diosa del Amor. Es que acaso existe para el varón romántico un amor que valga la pena sin algo de sufrimiento? 

   Ese amor esclavo es tan fuerte e incondicional que me hace caer en su dulce almíbar día tras día y me obliga a reafirmar el contrato. Ese amor no deja más alternativa que seguir en el pedestal, abrir el vestidor y arroparme nuevamente en mis pieles. Esa es la forma, plena de varonil clase y sutileza, que ellos utilizan para que ser aceptados; esa es la única condición que saben imponer los románticos Severines. La condición de Severin es que Venus debe aceptar que será amada incondicionalmente.  
  




 

viernes, 16 de octubre de 2015

Lobos y leones aplaudidores del Femdom


  Aplaudir es una forma de expresar la emoción reprimida o el deleite. Esta tradición es muy antigua. Los griegos expresaban su aprobación a las obras de teatro vitoreando y aplaudiendo. Los romanos chasqueaban los dedos, aplaudían, hacían ondear la punta de sus togas o bien sacudían tiras especiales que se distribuían entre el público para tal propósito. En el siglo XVII, silbar, pisotear y aplaudir era lo correcto para mostrar aprobación a un espectáculo. Tales prácticas se observaron también en las iglesias durante un tiempo, pero cuando el clero prohibió estas manifestaciones, toser, tararear o soplar por la nariz pasaron a ser la forma en que se aprobaba un sermón brillante o un coro bien entonado.

   En un común diccionario dice que figurativamente un aplauso es un elogio, una alabanza, una muestra de alegría o aprobación. Es lo que solemos entregarnos entre nosotras, mis amigas Dóminas y también algunas sumisas, cuando nos leemos, cuando nos apoyamos, cuando nos reímos y cuando compartimos fantasías y testimonios de nuestra sexualidad. Por supuesto que incluyo en esta lista a nuestros mosqueteros, nuestros bravos muchachos que son tan felices adorándonos, aunque sea vía digital con sus Me gusta o Gracias Señora o Estoy muy de acuerdo con Usted,  Mistress.

   Los señores del BDSM argento que aspiran a dirigir  la comunidad y el séquito de párásitos mediocres y amargadas estropeadas que los siguen parecen no opinar lo mismo. Como ven que los debates y las experiencias sobre sado y BDSM se han trasladado desde los sitios oficiales (moderados por ignorantes, por misóginos o por ambos) a territorios más libres, sólo les queda recurrir a la descalificación de la experiencia sexual ajena. El Poder Erótico Femenino les duele. Por eso nos insultan, no sólo a Mí, sino a mis amigas y a nuestros sumisos, tachándolos de aplaudidores cuando nos halagan. Una querida Ama amiga lo puso hoy mismo en palabras. Si soy una aplaudidora es problema mío, si vos no tenés a nadie que te aplauda es porque no decís nada que merezca ser aplaudido.

   Valga una aclaración sobre biología marina: dado que uno de estos personajes nefastos nos trató de focas aplaudidoras, les aclaro que no son las focas las que aplauden sino los lobos o leones marinos. Este año, visité una reserva de lobos en las Islas Galápagos donde pude disfrutar muy de cerca las colonias de estos bellos, sabios y fuertes animales que nos daban la bienvenida con sus piruetas en el mar y sus saltos. Ellos parecen aplaudir y tienen la costumbre de juntar sus extremidades superiores mientras que las focas no pueden hacerlo.

   They can use their front flippers to pick up things. They are very curious so they tend to evaluate plenty of things that they can get their hands on. Many people associate Sea Lions with their ability to bring their front flippers together. This looks like they are clapping and that is a characteristic that humans can easily relate to.

   La Natura es muy sabia y estas preciosas criaturas saben qué evaluar y qué elegir como bueno cuando nos aplauden. No descalifiquemos desde la ignorancia al poder de Afrodita!
  
   



lunes, 12 de octubre de 2015

Crossdressers. Mariposas por un día



   ¿Qué es el crossdressing? ¿Un eufemismo con nombre inglés para permanecer en un closet lleno de ropa divina? ¿O tal vez una práctica tan disruptiva que se resiste a entrar en los casilleros que la diversidad propone? 

Karen Bennett





   En febrero del 2013, mi amiga sissy Niní había posteado en Círculo BDSM, en el subforo Sexualidades alternativas, esta columna de Karen Bennett, titulada Mariposas por un día.  Con mucho humor pero también con realismo, Karen nos contaba cómo era esto de ser crossdresser en Buenos Aires. Una comunidad que crece día a día.


MARIPOSAS POR UN DIA
   La que avisa no traiciona, dice el dicho. Pero que las hay las hay dice también y entonces, antes de que me caiga encima la militancia vanguardista lgbtiq, aquí no se hablará ni de mujer trans, ni de hombre trans, ni de persona intersex, ni de activismo antipatriarcal. Ahórrense la protesta si la están preparando. Aquí no habrá antropología preciadista - butleriana sobre deconstrucción de género. Aquí sólo arrojaré una letra C a la salsa del guiso lgbtiq para ver cómo se condimenta. Una letra C que aún no sabe bien si quiere ser parte del guiso o, para meter más cizaña, no se sabe si el guiso querrá en verdad recibirla en sus ollas.  Es la letra C de Crossdresser.  Pero primero se lee y después se existe.

   Por un lado tenemos a las personas trans, abiertamente visibilizadas, con su nuevo DNI y la ley de identidad de género bajo el brazo, acudiendo al Mocha Celis o alguna cooperativa para intentar sobrevivir en el sistema, o al sistema, mejor dicho. Excepciones al margen, por el otro lado tenemos a personas que no necesitan al Mocha, sencillamente porque ya egresaron de todos lados. No sólo de la secundaria sino de la facultad, con idiomas, y ocupando cargos corporativos y profesiones bien remuneradas. Como broche de oro, además de construir sus profesiones con DNI de varones heteronormales, lo hicieron de igual modo con sus familias. Resultado? Estxs chicxs egresaron de todos lados menos del closet. Porque, claro, llamarte Carlos, tener esposa e hijos, y salir del placard con todas las plumas, no te va llevar al Maipo, sino casi con certeza al psiquiatra o a la zona roja. Entonces, qué utilidad tienen el DNI y la Ley de Identidad de Género para estas personas, al menos en lo inmediato? Una cosa es pintarte los labios desde el arranque para luego buscarte un lugar en el mundo. Otra muy diferente es buscarte un lugar en el mundo desde el vamos, para luego cambiar de opinión y pintarte los labios después.

   La comunidad cross es el resultado de la construcción de una vida familiar y social normativa de clase media, versus la necesidad de expresión del género femenino y la sexualidad no autorizadas. El crossdressing es una libertad condicional, temporaria, que evita la caída a la marginalidad de quienes tienen algo que perder, para luego volver a las obligaciones cotidianas, y si te he visto, no me acuerdo.

   Por definición, el crossdressing no cuestiona el mandato género - genital hegemónico y binarista hombre - mujer. No lo hace ni desde lo filosófico ni desde lo psicológico, ni desde lo político, ni nada. Más bien actúa de permiso temporal para el varón, como una tarjeta SUBE para cruzarse por el molinete al otro lado por un rato y luego volver a su normalidad. Por eso tampoco contempla a mujeres biológicas que pudieran tal vez sentir alguna necesidad similar. Y mucho menos a las demás vertientes de la diversidad. Se trata, en resumidas cuentas y con algunas excepciones, de un club fundado por varones occidentales autopercibidos como heterosexuales de clase media, con el anhelo de explorar su feminidad, sin quedar pegados al estigma de la prostitución callejera y drogas que rodea a la travesti pobre. El crossdressing está libre de pecados contravencionales porque es privado, semiinvisible, no hace la calle y depende de la billetera. Una crossdresser sin los fondos económicos que le permitan consumar esta doble vida se verá obligada a invisibilizarse detrás de un monitor mirando fotos de otras. Y de no poder revertir esa situación, deberá optar por perder todo privilegio social y convertirse en una travesti de calle.

   Las personas cross usualmente se refieren a su alter ego femenino como mi hermana. La figura de la hermana atenúa los escenarios autoeróticos, lascivos, promiscuos y moralmente cuestionables con los que en realidad coquetean cuando están montadas, pero que acabarían por condenar a sus hermanos varones de manera lapidaria por la sociedad normativa. Minimizar estas sensaciones equivale a reducir la culpa y la vergüenza masculina por ese temporario incumplimiento del rol de macho - patriarcal y el consecuente pánico a perder la reputación social y familiar construida bajo este rol.

   Paradójicamente, sus alter ego femeninos gozan de sus escapadas gracias a los ingresos económicos de sus hermanos varones, sosteniendo así una relación conservadora. Claro, un buen ingreso económico resuelve esta situación, pero además también permite, cuando se alinean determinados planetas, la posibilidad de una escapadita nocturna hacia el deseo de sacar a la loba y aullarle a la luna, mientras todo duerme: esposas, hijxs y nietxs. Entonces Andrés será Andrea, Carlos, Carla, te apuntás a cualquier clase de bombardeo y no habrá más ley que la Ley del Deseo. Y una vez que entramos al reino del deseo, no quedará otra que hacerle frente al guacho y ver qué onda. En este ámbito las cross se parecen al resto de la humanidad en una cosa: en que cada unx es un mundo aparte. La sexualidad cross es tan diversa como la del resto del planeta, salvo que al manifestarse con la furia del lincántropo frente a la luna llena, cuando sale, sale en serio, no es joda y agarrate, Catalina, que se viene la Crossdressina.

   Así es como llaman las crossdressers a la hormona cross. La hormona cross es ese momento en que aparece la necesidad imperiosa de transformarse. La luna llena del licántropo. Sin aviso. Cualquier disparador sirve, y de ahí podrán escucharse frases como ando con la crossdressina por las nubes, y cuando decae: No salgo. Ando con la crossdressina baja. La crossdressina o, mejor dicho, los niveles de crossdressina son, desde una perspectiva más aguda si se quiere, los niveles de angustia transformados en ansiedad por quien necesita expresar algo que le es vedado, ya sea por su entorno, o por sí mismx. Entonces encuentra el hueco, sale, quiere resumir las mil y una noches en una sola. De una buena vez soy yo el objeto del deseo y no el cazador. El primer caballero con un buen piropo me hace suya, me cuenta Wendy, de 62 años, abogada. Las crossdressers no se enamoran de sus pretendientes sino de sus piropos porque en realidad están enamoradas de sí mismas, de su rol. Sus acompañantes sólo vienen a completar la foto. No hay compañía más poderosa para una cross que un espejo convirtiendo a la cross - sujeto en el objeto de su propio deseo.

   F., el hermano varón de Mirna Ladyrouge, se especializa en ingeniería de combustibles pesados, internándose en los sitios más inhóspitos para instalar o reparar sistemas de gas. No realiza estos trabajos vistiendo polleras ni tacos, como lo hace la docente trans Melissa D’Oro todas las mañanas frente al aula. Pero de esta manera F. puede comprarle los tacos de 13 cm y pelucas a su hermana Mirna para que las luzca un viernes a la noche por mes, cuando organiza las reuniones o fiestas de La Banda del Golden Cross. Los tacos son un viaje de ida, dice. Los uso desde pequeña, pero los saqué a la luz en el 2002 y no paré más. Ahora también cumplí el sueño de pararme sobre escenarios y hacer miniperformances musicales en las reuniones mensuales de chicas. Lo mío pasa por ahí. Me gustan las mujeres. No me interesan los hombres. Sin embargo Mirna no tiene conflictos en bajarse de los tacos para que F pueda cumplir con el rol masculino que su entorno familiar y laboral le reclama. Mirna sale una vez al mes y vive en sus perfiles de redes sociales aconsejando a chicas menos experimentadas, y está todo bien. Y si bien sus hijxs no están al tanto, cuenta con la complicidad y comprensión de su esposa.

   Vanessa Andrea Gamboa porta un par de piernas interminablemente bellas, de ahí su apellido. Tiene la capacidad de exhibir esas gambazas depiladas sobre altísimos tacos, o bien de ocultarlas momentáneamente bajo el traje negro de su hermano L, que anda por los 50, felizmente casado y con hijos, y junto con el armamento que porta para desarrollar maniobras estratégicas de seguridad de vehículos, evitando emboscadas a transportes y personas. Toda una Lara Croft, a pura pólvora y labial.

   Para algunas chicxs el crossdressing resulta ser un trampolín temporario hacia una nueva construcción de su propia interpretación de género, más visible y cotidiana, como por ejemplo para quien aquí les escribe. Para otras es simplemente una vacación de sus responsabilidades familiares y sociales. Para otras, en cambio, una experiencia erótica, sexual y fetichista. O, por qué no?, una combinación de todas ellas juntas. Lo destacable es que esta comunidad es tan diversa dentro de su propio seno como cualquier otra minoría. A las chicas cross, salvo aquellxs que estén transitando hacia una mayor visibilidad, no les hacen demasiada cosquilla los derechos civiles resultantes de la Ley de Identidad de Género, ya que no tienen ninguna intención en cambiar sus identidades, roles, funciones ni entornos. La Ley de Identidad de Género no va a lograr que las parejas de estas chicxs tomen el asunto con naturalidad, ni que sus profesiones permanezcan inalterables. Es por eso que en su gran mayoría viven su realidad familiar y su género como paralelos que no deben tocarse nunca.

    Pero también están las otras, aquellxs que necesitan expresar su género de una forma más presencial y cotidiana. Laura Wulff, de 42 años, analista de sistemas, me confiesa que está intentando modificar un poco su entorno profesional porque cree que no aceptarán su cambio, y así poder vivir su identidad con plenitud. A ella el concepto de crossdresser no le sienta tan cómodo, porque nunca sintió estar cruzando a ningún lado. Se percibe esencialmente femenina y simplemente mantiene su estética masculina hasta acomodar su situación profesional definitivamente. H, el hermano varón de Elizabeth Hers, sabe disparar un FAL, una 45, una 9 mm, te hace un cacheo de pies a cabeza sin que te des cuenta y además supo sumergirse en la guerra en un operativo de inteligencia militar como buzo táctico. Esta es la profesión que le permite financiar el costo del delineador líquido que Elizabeth utiliza con igual maestría con la que H empuña el FAL, sólo que en lugar de un casco lo hace bajo una blonda y larga cabellera, prácticamente todos los fines de semana. Elizabeth anda por los 50, estudia teatro, está divorciada, tiene dos hijxs. Le gusta el sexo con hombres cuando es Elizabeth, y con mujeres cuando es H.

   Así como la delincuencia se llama chorrxs de mierda del lado provincial de la General Paz y maldito corrupto del lado capitalino, se te gritará travesti en las calles de La Matanza, o crossdresser en un placard de Belgrano. Pero, queridx amigx cross-bancarix de saco y corbata, si al guiso de arriba le agregamos una cucharada de todxs las que están leyendo este suple a escondidas en la oficina, vestidxs de muchachos fantaseando con lucir el collar de perlas de la secretaria del jefe, haríamos saltar la banca del censo nacional. Y al viejo monseñor Quarracino, su isla para maricas se le hundiría por el exceso de peso.

   Los lugares de reunión de la BDGC (Banda del Golden Cross) son la hoy desaparecida Cero Consecuencia, después vinieron Casa Brandon y La Logia G. Las chicas se reúnen allí para pasar un rato, tomar y comer algo, charlar, sacarse fotos y hacer la previa para luego visitar lugares con algo más de acción. Siempre hay alguna chica nueva mitad aterrorizada, mitad excitada con ganas de sentirse cuidada en sus primeros pasos. Las reuniones tienen el estilo acorde con la edad promedio de las chicas cross. No vas a encontrar floggers, ni bloggers, ni emos en este ambiente. Estos son eventos de señoras formales, elegantes (y otras intentando serlo), de clase media. La mayoría se siente satisfecha de haber podido producirse y salir. Otras más aventuradas y con mayor libertad, quedan deseosas de encontrar un caballero galante que, no te digo siempre, pero de vez en cuando, también aparecen tan tímidos como ellas, y las reuniones son de lo más tranquilas e inofensivas. Aquellxs con mayor disponibilidad horaria (léase justificativos laborales convincentes para su familias como tengo una cena con clientes o viajo al interior y vuelvo el sábado) continúan la velada en discos como Amerika, Namunkurá o Angels. Lxs más sueltxs de cuerpo, en cambio, podrán buscar alguna aventura sexual en los cogederos de Moon o Class.

Karen Bennett






Fuente
http://www.circulobdsm.org/forum47/7894-crossdressing_por_karen_bennet

martes, 6 de octubre de 2015

No te desvistas







   La casa de Humberto de la calle Donado era el templo de las mejores orgías que podías encontrar en Buenos Aires, o al menos eso era lo que muchos decían por aquellos años 2007 y 2008. La onda era mayoritariamente swinger heterosexual entre parejas que ya se conocían sumadas a otras que se iban incorporando de a poco traídas por los habitués, quienes las reclutaban en sus correrías por Class o Starnew. La cosa no era para nada Femdom y no salía del estereotipo masculino de te doy mi mujer y vos dame la tuya; se supone que para las mujeres, todos los maridos eran más o menos iguales y los solos estaban estrictamente prohibidos (entiéndase por solos a los muchachos jóvenes que no tienen pareja estable y que suelen atraernos a las mujeres maduras). La brisa de la noche no refrescaba la monotonía de los jadeos de esas hembras culeadoras de noches con códigos tan estrictos y preservativos en la mesita ratona. Aquella planta baja antigua que había sido remodelada con propósito de reventa, apenas si estaba amueblada. Sólo recuerdo una compu que tiraba la música de acuerdo a una lista siempre igual y una luz roja que oficiaba de penumbra cómplice. Colchones en el piso para los que los requerían, una banqueta abandonada bajo una montaña de ropas y una cocina al margen en donde se tomaba algo, antes, después y a veces, durante la acción. 

   El baño era lo mejor, estaba hecho a nuevo y con un enorme espejo, bien iluminado, que nos reflejaba a Verónica y a mí cuando nos escabullíamos con la excusa de orinar o lavarnos pero que nos servía como refugio para maquillarnos y cepillarnos el cabello mutuamente y terminar siempre desaforándonos en besos toquetones y empapados en brillo labial sabor frambuesa. Nuestro auténtico lesbianismo fetish necesitaba refugiarse en un ambiente más íntimo para poder gozarlo, apartadas de aquel festín tan heterosexual. Salíamos abrazadas y riéndonos con un brillo en la mirada que no dejaba dudas de lo que acabábamos de vivir; así era que ellos nos miraban con deseo y ellas con cierta incredulidad y algo de envidia. Como ambas somos tetonas, de piel blanca y llevamos el cabello oscuro; nos divertíamos con el perverso discurso de somos hermanas y nos damos entre nosotras desde que éramos chicas para agregar más de morbo a las miradas ajenas. El argumento era perfecto; yo era la mayor, la azotadora y dominante y ella era mi hermanita sumisa pervertida, que además lo ponía en escena con una impronta inocentona que a todos les resultaba creíble y a mí me excitaba observar, con Sade en las pupilas, a los afortunados victimarios de esa mentira más pajera que piadosa. 

  Mirtha en cambio era una pasiva y paciente esperadora de que le llegue el turno de fornicar con el tipo que a su vez le había cedido la moneda - hembra de intercambio a su marido. El era un viejardo que llevaba una pelada disimulada con tintura rojiza (en el Río de la Plata le llamamos darse la carmela). Yo evitaba participar con esa clase de hombres. Siempre buscaba alguno más joven y bien dotado, pero en esa clase de orgías, la presencia de los bien dotados solía ser directamente proporcional a los celos de sus esposas para con mis botas negras y mis looks fetichistas. Como con Verónica siempre la pasábamos bien en todos lados, trataba de evitar tener problemas con maridos demasiado babosos. Aquella noche, sin mucha expectativa de alguna respuesta erótica, empecé a besuquear a Mirtha y para mi sorpresa, la señora, hasta el momento muy pasiva, se soltó en un ramillete de caricias cual adolescente en su segundo coito. Pero Mirtha seguía vestida y con su calzado puesto. Me encantó enredarme con ella entre su vestido algo formal y sus tacones no muy pretenciosos pero femeninos. No era ni fea ni linda pero se notaba que era una mujer pasada por el filo del sexo y de la vida. Apenas comenzamos a gustarnos y gozar, ella casi instintivamente (luego deduje que lo hacía siempre) se comenzó a bajar los breteles del soutien, con el ademan de desnudarse completamente. De inmediato le susurré Me encantan las mujeres vestidas de mujeres, no te desvistas. Esto no es el ginecólogo. Me sonrió y contenta, sorprendida y muy relajada, se me entregó sin retaceos. Mi orden la había cacheteado en su pasivo machismo, reafirmándole su femineidad hasta en lo más profundo de la entrepierna. 

   En la penumbra de la fiesta sexual que comenzaba, al menos para Mí, a ponerse íntima, el desubicado marido se acercó y le ordenó groseramente con tono altanero de dueño de hacienda Sacate todo, dale, dale que te la quiero poner. Por supuesto que no debe haber disparador más potente para un hombre machista que una Femdom besando a su esposa pero todo tiene un límite; cuando ellas se sueltan, pareciera que todos los masculinos y frágiles cimientos del poder se tambalean. Mirtha lo miró y con una estrella de lesbiana incipiente en su mirada le maulló un Pero ella me quiere así! El dueño no tuvo otra que volverse a la cocina de la casa a fumar un cigarrillo. Entre las piernas de Mirtha, acabé sin prisas y con orgullo. Después de aquella noche, nunca más la volví a ver. 

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