viernes, 28 de febrero de 2014

El Sagrado Ritual de Maquillarse

      Las mujeres somos como las indias, cuando nos pintamos es que queremos guerra.

    La primera vez que me maquillé, tenía trece años. Fue en la clandestinidad pero lo recuerdo como el ingreso a un universo estético de los más puros, artísticos y espontáneos. La situación? Un campamento de verano, en San Clemente del Tuyú, en la casilla rodante de los líderes. Testigos y cómplices? Cinco chicas quinceañeras, mayores que yo e ignorantes de mi emoción interna, que casi ni percibieron. 

    Materiales? Revoltijo de petacas de sombras, media docena de Angel Face sobrantes de tías y madres, lápices delineadores acrayonados que requerían sacarle punta después de cada trazo, lápices de labios (en esa época no se llamaban lipsticks), esmalte lila y calcio para uñas,  brillos roll-on con sabores tutti-frutti y un arqueador de pestañas metálico con aspecto algo atemorizante, como de instrumento quirúrgico. Para el pelo? peines tenedores y savia vegetal para mantener la permanente de rulitos afro. 

   Inspiración? Las chicas de Abba, Donna Summer, Farrah Fawcett, Jaclyn Smith y mujeres por el estilo, las diosas de los años setenta. El perfume? Colonias de jazmín y musk. Horario? Suspendido en el tiempo de la preadolescencia. Conversación? Sobre todos los chicos del campamento que no estaban en nuestro grupo y a los que apenas conocíamos de vista. 

   Me senté a un costadito cerca del pasacassette Philips a pila, con un casette del cual ya sabía casi todo el repertorio. Ellas comenzaron como divirtiéndose y mientras una maquillaba a la otra, me encontraron de pronto como la modelo ideal para probar la gran novedad de sombras que en los comienzos ochentosos se llamaban iridiscentes. Las muy perras literalmente me violaron el rostro como sacerdotisas paganas y me dieron aquello que era lo que más deseaba desde el fondo de mi ser. Durante el largo proceso de delciosa tortura, yo no quería mirarme a ninguno de esos minúsculos espejitos que me ofrecían. Palpitaba mi destino de Diosa y no quería verme a medias. En mi caliente interior de Afrodita, yo sabía que me había preparado para ese estado desde hacía un par de años, y si bien alguna vez lo había intentado sola y sin testigos, nunca hubiera alcanzado el impacto de aquella noche, en medio de la sublime liturgia femenina de aquellas chicas.

Pasame el brillo de párpados
El entrerriano es medio tímido
Hacele la línea de ojos más gatuna
Usá esta brocha más suave
Nena, te echaste encima la botella de musk!
Correle el pelo, que se le pega en el brillo labial
A mí me encanta el de la remerita Fiorucci

   Todas hablaban de todo y al mismo tiempo. Por un momento sentí que me iba a morir o que mis padres, quienes se encontraban a más de trescientos kilómetros de distancia, me matarían si me vieran así de entregada a ellas. Lo confieso, lo sentí. Y llegó el momento, el principio del fin de aquellas maniobras bélicas: tras un espejo alargado que había sobre la mesada de aquel templo, ellas se comenzaron a poner de pie y a observarme todas juntas. No tuve opción, me paré y me entrometí hasta que apareció mi carita en el espejo. No me reconocí. Ví a Narciso hecho Muñeca. Fruncí mis labios avainillados de tanto brillo e hice el ademán de un beso hacia mi propia imagen. Me idolatré. Las chicas se rieron de mi atrevimiento inocente, se dedicaron un rato largo a ellas mismas y después salieron a vivir su noche.

   Así fue como en esa noche playera de verano, mi tren femenino llegó a la primera estación del idilio de la estética. Yo era la misma pero mi historia ya había cambiado de ruta y de paisaje. Yo era más Yo con mi cara adolescente recién maquillada. Salí de aquel baño de campamento cual Cenicienta entrando al baile de la Corte. Me quedaban chicas las sandalias y decidí ir descalza hasta el bosque, con los talones alzados, simulando que usaba tacones y hablando sola o con Afrodita, agradeciéndole el haber descubierto en esa noche inolvidable las delicias de la sensualidad feminizada.

   Aquello fue Sado, (qué duda cabe!) por parte de Ellas, pero Sade ya empezaba a reencarnarse en Mí. 





sábado, 22 de febrero de 2014

John Lennon y el Femdom


   Hace exactamente cincuenta años, en febrero de 1964, cuatro muchachos ingleses sin otras armas que su música y su actitud irreverente, llegaban por primera vez a los Estados Unidos. Nacía entonces la Beatlemanía a gran escala y el mundo nunca más sería el  mismo.

   En una de las tantas conferencias de prensa que siguieron a su apoteótica llegada a Nueva York, un periodista que se creía gracioso le  preguntó a John Lennon cual creía él que era la razón del impresionante éxito que estaban obteniendo los Beatles en los Estados Unidos. La pregunta escondía la suposición de que dicho éxito debía corresponder a  alguna causa escondida, oculta tras la simple composición e interpretación de canciones pop. Debía de existir otra razón que explicase la locura beatle que se había desatado en esa semana, contra todos los pronósticos previos, como una marea irrefrenable por todo el país. La subestimación hacia la música de los Beatles que yacía implícita en la pregunta era demasiado evidente y no era la primera vez que les ocurría algo parecido. A buen puerto fue por leña ese desgraciado. John le contestó al toque y su memorable respuesta aún está grabada en el libro de oro del noble arte de la ironía.

   La verdad es que no tengo la menor idea. Si lo supiera, contrataría a cuatro melenudos y sería su manager.

   Podríamos agregar, si componer románticas cancioncitas pop como She loves you, All my loving o I wanna hold your hand  no resulta ser un argumento sólido para justificar un éxito que aparentemente resulta tan sencillo de lograr, por qué los otros grupos no hacen algo parecido para que les vaya  tan bien como nos va a nosotros?

    A veces me acuerdo de John y de su frase cuando pienso en lo que representa para tanta gente el poder Femdom propio de una mujer seductora. Sonrío recordándolo cuando leo a tantos que pretenden hacerme creer que un poder de seducción real y un juego de roles con límites explícitos y pactados son dos formas diferentes de dominación pero que en el fondo son lo mismo. Cuando me dicen que para ser una mujer dominante, basta con tener a un sumiso o a una sumisa que te considere como tal y con la que pueda consensuar la aplicación de técnicas y protocolos BDSM. Porque pretenden venderme el verso que los comportamientos sexuales en general y la dominación femenina en particular no son expresiones de gustos y características de las personas sino que dependen de supuestas construcciones sociales que pueden armarse desde afuera y lo peor es que se han comprado la misma mentira que venden.  

   No son los únicos. También aquel periodista había comprado la mentira que los grupos pop eran todos un montón de melenudos guitarreros trabajados por un poco de marketing. Quizás para él los Beatles sólo podían ser cuatro melenudos marketineros entre muchos melenudos más y nunca entendió la diferencia y quien era el personaje que tenía delante en el momento de preguntar. 

   Cuando leo este tipo de cosas, me dan ganas de sentarme a escribir columnas para mi blog. Así fue como escribí Femdom, rock and roll y verdades y también  Ser o no ser Dómina. Pero a veces me dan ganas de responder al estilo de John y mi respuesta sería: La verdad es que no tengo ni idea porqué la mayoría de las  hombres que me rodean se muestran sumisos y me consideran dominante y seductora. Si lo supiera, buscaría cuatro mujeres maduras y atractivas que lleven la femineidad como un placer y no como una carga y a las que les guste disfrutar del sexo para ponerme con ellas cuatro un pub Femdom. 

   Pero yo no sería su manager porque me aburriría mucho detrás de un escritorio. Yo sería una de ellas. Y como nos divertiríamos las cinco juntas.







domingo, 2 de febrero de 2014

Febrero David Bailey

 
Kate Moss por David Bailey





   Las fotos que tomo son simples, directas y sobre la persona que estoy fotografiando, no sobre mí. No me importa la composición y ese tipo de cosas. Yo sólo quiero que salgan a relucir las emociones de la persona de la fotografía, obtener algo de esa persona.  

David Bailey

   Alguna vez, el año pasado, presenté un calendario ilustrando la obra de Patrick Demarchelier y su exhibición en Beijing sobre sus trabajos con Christian Dior. Hoy quiero traer a mi Magazine a David Bailey, uno de los grandes de la fotografía de los años sesenta. En estos días, en la National Portrait Gallery de Londres, se exhibe Stardust, una exposición de doscientas cincuenta fotografías seleccionadas personamente por Bailey, que muestra el talento de este verdadero genio detrás del cámaras, responsable de tapas de discos emblemáticos de los Rolling Stones y otros grupos y de haber pintado como pocos ante el mundo entero aquella loca fantasía que se hizo conocer como el Swinging London.
   
   Aquí está David, algunos de sus célebres retratos y sus musas, en especial, su novia de entonces, la modelo londinense Jean Shrimpton, uno de los rostros más bellos de aquellos años. 



Enero. Leslie Caron



Febrero. Jean Shrimpton




Marzo. Catherine Deneuve



Abril. Jerry Hall



Mayo. Kate Moss



Junio. Jill Kennington




Julio. Uma Thurman



Agosto. Jean Shrimpton




Septiembre. Pattie Boyd




Octubre. Sue Murray



Noviembre. Jerry Hall




Diciembre. Abbey Lee

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...