jueves, 14 de agosto de 2014

Petticoat discipline



(inspirada en Niní y sus invalorables aportes a Círculo BDSM)

   Hace unos meses, tuve el placer de ser invitada a una fiesta de cumpleaños de una querida amiga travesti. Yo fui vestida de cuero, sado y gótica, pero  ellas eran como veinte y vestidas con tules, zapatitos claros y peluqueadas como quinceañeras. Todos los trajes eran colores pastel y casi todas llevaban florcitas y coronitas. Ellas querían un novio para bailar el vals y no mi propuesta de sexo. Qué grandioso!
Mistress Roxy

   Gran parte de nuestros protocolos de dominación - sumisión provienen de la Inglaterra victoriana, de una sociedad profundamente estratificada pero a la vez con aspiraciones democráticas y modernas y por lo tanto muy diferente de la Francia de Sade. La educación de los jóvenes hijos de la clase dominante  implicaba complejos rituales de humillación y autodominio, imprescindibles para que aquellos hombres cuyo destino era gobernar un imperio, aprendieran en primer lugar a dominarse a sí mismos mediante castigos y restricciones.
   En este marco anglosajón y como parte inherente a su cultura, su sociedad y su sistema educativo, es que nace y se desarrolla la petticoat discipline, que mucho tiene que ver con el sissismo pero no tanto con lo que hoy conocemos como crossdressing. Cedo entonces la palabra a Niní y reproduzco con muy pocas alteraciones (sólo las que considero indispensables) los conceptos que vertiera en Círculo BDSM a lo largo de un debate de varias páginas.
   La sissy como hermanita menor nació en los colegios ingleses del siglo XIX como una práctica de castigo por parte  de los masters o alumnos de grados superiores con grado de celadores, para bajarles los humos a los díscolos alumnos que acaudillaban a sus compañeros. El perverso cálculo del cuerpo docente era que, si les pegaban o los amonestaban, los convertirían en héroes para sus seguidores pero si los vestían con ropa femenina, los llamaban con nombre de mujer y los obligaban a hacer labores y tareas tipicamente femeninas, las risotadas imposibles de controlar de sus condiscípulos derrumbaría su liderazgo en forma definitiva.
   La sissificación vista desde esa línea histórica es un tributo, un sacrificio a la mujer dominante donde un varón sometido hace la mímica de lo femenino en el entendimiento de que es una mímica para que se divierta quien lo domina y aquellos ante quien ella decida exhibirlo.
   Se encuentra natural en nuestro entorno BDSM que una sumisa / esclava nacida mujer biológica pueda ser sometida a la pérdida de su pudor, exhibida en su intimidad, afectada en su dignidad, y se enfrente a la posibilidad de ser exhibida en humillantes y degradantes posturas, aparecer en imágenes ofreciendo el espectáculo de la desnudez de sus partes más intimas para que el Amo o Ama se satisfaga de su obediencia, amarrada, inerme, con sus nalgas rojas de chirlos, palmetazos o fustazos.
    La sumisa hace entrega a aquel / aquella a quien ella elige para dominarla, de lo que antes se denominaba pudor y permite que la exhibicion de su cuerpo desnudo, de sus genitales, de su piel spankeada o amarrada sea mostrada por su Amo / a como una muestra del poder que posee sobre ella.
   Entendida esta visión desde el punto de vista de la sumisión femenina, no debería asombrar que el varón sumiso haga entrega, no sólo de su piel, sus miembros, o de su obediencia al actuar sino de algo más. Y ese algo más en el caso del sissismo sería lo que supuestamente le corresponde a la dignidad del varón en el imaginario común de una sociedad aún patriarcal. Por eso la sissy en la petticoat discipline (disciplina en enaguas) goza y se complace en entregarse ridiculizándose en el papel femenino. Mi intención es despejar el hecho, incomprensible para muchos, de que la sissificación entendida como feminización forzada o petticoat discipline involucra un estado de ridículo por parte del varón que la padece (disfruta).
   Así como la chica crossdresser (y ni que decir la transgénero) se aplican con dedicación a perfeccionar la ilusión visual y social de su femineidad abocándose a crear un yo - mujer lo más armado, consistente y coherente posible mediante vestimentas, maquillajes, posturas, cambio de voz, actitudes, etc, la sissy de la petticoat discipline funciona en el sentido del ridiculo,  de la exageración.
    Travestis y crossdressers desean una emulacion del rol femenino donde puedan mimetizarse con las mujeres. En inglés se habla de la passable crossdresser, nombrando así a la chica cross que puede en la calle pasar como mujer. Las sissies vendrían a ser sumisos feminizados por un mandato externo, casi siempre de una Dómina mujer (cuanto más sometidos y forzados, mejor), con un grado de forzamiento que se compatibiliza con una necesidad interna de humillación y sumisión para obtener el goce sexual. Es necesario que en la actuación femenina que les obliguen a hacer, haya elementos de ridículo y sobreactuación. Las fotos de sissificación más comunes resaltan lo exageradamente afeminado de esos vestiditos rosas y de la lencería y los manerismos. En su mayor caso, son ropa y modales dignos de niñitas, no de mujeres modernas adultas. Tiene que haber en su conducta, en lo que le hacen vestir y le hacen hacer, algo de payasesco, de histriónico, para quebrar el orgullo masculino y la agresividad inherente al rol masculino patriarcal aún frecuente en esta sociedad.
   Mucha gente malintencionada desde el feminismo o desde la ignorancia rechaza  el sissismo porque lo entiende como una burla a la mujer. Es falso. El sisismo es a lo sumo una venganza humorística de la mujer, humillando y obligando al hombre a asumir roles y ropajes que seguramente realizará mal y ridiculamente. El diálogo picaresco - cruel entre la mujer dominante humilladora y los terceros es la frutilla del postre y esa frutilla no puede ser degustada si se cree en un BDSM predecible. Se necesita improvisación de ida y vuelta, la sensacion de lo inesperado.....que va a venir un vecino y te va a encontrar en enaguas.....

    

10 comentarios :

  1. Inclino mi frente ante el cariño y el reconocimiento suyos, Milady...Tanta charla y tanta tinta digital no han sido en vano...
    Como decía una ocurrente remera:

    ¡¡¡HASTA LA VICTORIA, OCAMPO!!!!

    nini

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  2. Un artículo fabuloso Mistress Roxy!!!!
    No podía haberlo hecho mejor. La adoro!!
    Besos de Afrodita

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  3. Magnífica entrada Mistree Roxy!!! Yo me considero sissy, no por el hecho de sentirme humillada y ridiculizada delante de un hombre o de una mujer, sino por el gusto de sentirme brutalmente femenina y por adorar el universo femenino y en ninguno de los casos es forzado, si no con todo gusto me meto en ese papel y lo asuma con una sonrisa de oreja a oreja.
    Es sólo amor y devoción por la mujer coqueta, glamourosa e hiper-femenina por lo que estaría dispuesta a hacer lo que ella quisiera de mi, que sepa guiarme y que llegue a convertirme en toda una mujer, eso es lo que pido de ellas.
    Me ha encantado, tus artículos sobre nuestro mundo son Cum Laude.
    Un beso enorme, te quiero te quiero muacssssssss!!!

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  4. Como siempre que habla de nuestro mundo femenino no se puede hacer mejor. Estupendo articulo com estupendo es el blog y divina usted mistress.

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  5. "En su mayor caso, son ropa y modales dignos de niñitas, no de mujeres modernas adultas. Tiene que haber en su conducta, en lo que le hacen vestir y le hacen hacer, algo de payasesco, de histriónico, para quebrar el orgullo masculino y la agresividad inherente al rol masculino patriarcal aún frecuente en esta sociedad."
    Frase que quedó grabada en mi retina. Parecía estar examinando mi mente en detalle.
    Gracias Mistress Roxy por esta fabulosa pieza.

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  6. Pienso que el invento del sissy, con los nombres que fuere, surgió muchísimo tiempo atrás, me refiero bastante antes de Cristo.

    El sissysmo de la Inglaterra victoriana quizás tenga mas que ver con la homosexualidad masculina.

    En las cárceles, cuando no hay mujeres, hacen falta hombres feminizados, y cuanto mas infantiles, suaves, ingenuos, es decir, cuanto mas fáciles y accesibles mejor. Sirven para compensar la rudeza y aridez de la situación funcionando como válvula de escape.

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