jueves, 23 de abril de 2015

Tus sexies botas negras a lo Pretty Woman


   

   Como toda genuina amante de las botas por causas estéticas, por el goce del fetiche o simplemente por el placer de seguir una moda sexy, Lady Teri, la madrina de Bootlovers y su blog asociado Booted up, solía rebelarse e indignarse contra el prejuicio tan común que dicta que una mujer que usa botas thighhighs en la calle equivale a una prostituta. Lady Teri no deja de citar a la película Mujer Bonita (Pretty Woman) como el ícono inoxidable que nos etiquetó para siempre a todas las mujeres que amamos lucir cuero y vinilo hasta más arriba de la rodilla. Ratificando una vez más que una imagen vale más que mil palabras y argumentaciones, el poster de la película, con una sonriente Julia Roberts apoyada en el hombro de Richard Gere y calzando las famosas botas de puta, ha marcado a fuego nuestro imaginario colectivo. Si en los años sesenta, de la mano de Brigitte Bardot y Jane Fonda, las botas y la minifalda eran sinónimo de la nueva mujer sexualmente libre y aventurera, en los noventa se volvieron un símbolo de la chica de la calle que debe abandonarlas en el closet de los recuerdos infames cuando conoce al príncipe azul que la redime y la transforma en la novia perfecta para presentarle a mamá. Otro sueño de libertad transformado en pesadilla.

   Entonces, echémosle nafta al fuego. En Buenos Aires, muchas de las chicas travestis que recorren los bosques de Palermo eligen usar botas por arriba de la rodilla. Quizás ni conozcan la historia de Cenicienta moderna que protagonizaron hace décadas Julia y Richard y aunque hayan visto la película, tampoco creo que pretendan imitarla: el tacón de la bota de Julia era demasiado bajo para lo que hoy se considera sexy. Yo me inclino a pensar que ellas, que nacieron varones, saben mejor que nadie como las botas altas estilizan la figura y les permiten sabiamente ocultar rodillas y piernas de aspecto masculino. Como casi siempre son más altas que las mujeres biológicas, el espectáculo visual que ofrecen en su ondulante caminar sobre botas y tacones es un imán de femineidad sensual irresistible para los hombres fetichistas. Así es como involuntariamente, las chicas de la noche de hoy terminan por cerrar el círculo de la profecía autocumplida: no sólo el hombre fetichista de las botas altas es un cometravas sino que la mujer que las calza es una puta, a menos que sea una topmodel en una revista de modas.

   A diferencia de Teri, yo prefiero divertirme desafiando las convenciones. Cuando salgo con mi esclavo marido para vivir una noche de puterío y adulterio, casi siempre lo hago vistiendo botas thighhighs de plataforma y tacos muy altos. No pierdo tiempo combatiendo el prejuicio sino todo lo contrario: como parte de mi juego sádico, me gusta alimentar el fuego de la hoguera para calentar aún más mi propio goce prohibido y condenado. No suelo engancharme en cruzadas justicieras perdidas de antemano intentando que la gente pacata cambie su forma de pensar.

   Lady Teri propuso una vez en su blog que los fetichistas de las botas deberían formar un cuerpo de elite: los Embajadores de las Botas, cuya misión, si la aceptaran, sería recorrer sitios web elogiando a las chicas que muestran su gusto por las botas pero sin recurrir a comentarios groseros. Ella cree que muchas chicas jóvenes se muestran reticentes a usar botas sexies porque temen quedar asociadas al imaginario colectivo impuesto por aquel poster pero si los admiradores se mostrasen galantes y respetuosos y evitaran insinuaciones sexuales en sus comentarios, muchas más se inclinarían a vestirlas por moda o simplemente por placer.

   Los Embajadores de las Botas cuentan con todo mi apoyo, aunque dudo del éxito de sus iniciativas. El calzar botas altas es toda una declaración de principios: si te gustan y tienes la personalidad para llevarlas, las usarás aunque lluevan los comentarios negativos a tu alrededor. Pero si no te atreves, no habrá embajador que pueda convencerte. Ojalá que Teri tenga razón porque yo también deseo ver llegar el día en que Pretty Woman no sea recordada como una tonta comedia sobre una puta redimida mediante el matrimonio con el consabido galán millonario sino como lo que fue en su origen: una hermosa canción de Roy Orbison.




3 comentarios :

  1. Qué razón tiene Lady Teri en su artículo, y como bien dices es totalmente cierto que hasta el día de hoy la imagen de las botas altas en una mujer es sinónimo de puta, hay que que acabar con ese estereotipo de una vez por todas. Aunque Madonna y Lady Gaga si que las usan, pero claro ellas no son el mejor ejemplo para muchas y muchos, para mi son las mejores embajadoras de las botas altas.
    Besitosss querida mía!!

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  2. Me maravilla que algo que para los fetichistas de las botas sea algo oculto, raro , privado, secreto, desviado (terminos sociales), que encontrar una mujer verdaderamente "botera", sea imposible.. que aqui en este blog sea comentado. Me maravilla.!!!

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