domingo, 10 de abril de 2016

Corsettes. Una historia ajustada






   A principios del siglo veinte, Paul Poiret era considerado el rey de la moda parisina y sus diseños marcaban los gustos y las tendencias. Poiret, nacido en 1879 y fallecido en 1944, es hoy considerado el responsable de la eliminación del corsette tras siglos de tiránico reinado oprimiendo cinturas femeninas. Nunca se sabrá si Poiret quiso realmente liberar a las mujeres de aquella ancestral opresión o simplemente las formas afinadas en el talle interferían con la línea de sus novedosos diseños enfatizados en los hombros que serían los predominantes durante los años veinte.

    La cintura ajustada volvió a ponerse de moda para finales de la década del treinta cuando contra los pronósticos de Poiret, los corsettes y los soutiens con ballenas y tiras volvieron a ponerse de moda como parte de un renacimiento victoriano popularizado por el cine a través de películas como Gone with the wind (la escena en donde Vivien Leigh exige que le ajusten las tiras del corsette hasta alcanzar la cintura deseada es hoy un ícono del fetichismo).
El triunfo final de la mujer con figura de reloj de arena llegaría en 1947 con el New Look de Christian Dior y el ejemplo arquetípico es el famoso Bar, la chaqueta de estrecha cintura diseñada por Dior. Por entonces, el corsette había regresado transformado en bustier y comenzó a utilizarse en la mayoría de los vestidos de noche de los años cuarenta y cincuenta.








   Pero fue recién en la década del setenta cuando la madrina del punk, Vivienne Westwood, se convirtió en la primera diseñadora del siglo veinte en utilizar el corsette en su forma original desde los tiempos en que Poiret lo había rechazado. Su singular enfoque, tanto artístico como teatral, estableció una nueva tendencia en la moda contemporánea. La genial percepción de Vivienne sobre la corsetería se convirtió en el centro de sus trabajos y diseños logrando que en lugar de ser un símbolo de opresión, el corsette le devolviera a las mujeres una sensación de glamour y distinción imposible de obtener mediante otras prendas. Para 1980, otros diseñadores ya seguían su camino; genios contemporáneos como Jean Paul Gaultier y Thierry Mugler hicieron del corsette la armadura sensual de una mujer fetiche que parecía salida de una historieta de ciencia ficción. Ellos frotaron la lámpara y liberaron al genio que nunca más pudo volver a su encierro.

    Al igual que las botas altas o los guantes largos, el corsette lleva implícito un significado social que oscila entre lo artístico y lo teatral y que nos habla de la sexualidad de una mujer erotizada que pone el placer de la seducción en el primer sitio de sus prioridades. Paul Poiret se asombraría si supiera que las mujeres hemos sabido transformar al corsette en un arma de dominación. Si hubiera visto a Madonna masturbándose en escena con el famoso bustier de Gaultier durante su gira Blond Ambition, quizás se hubiese tomado la cabeza entre las manos ante semejante exhibición de encorsetado poder femenino. Desde entonces, el corsette ha sido la prenda fetiche de Gaultier y hasta sus perfumes se venden en una encantadora botellita con forma de reloj de arena.

   A lo largo de todo el siglo veinte y en lo que va del ventiuno, el corsette ha podido mutar en bustiers, soutiens o bodies pero ha mantenido siempre indeleble la fantasía de una halagadora silueta femenina desde la estética visual pero mucho más desde lo simbólico. El corsette expresa mensajes contradictorios: es la constricción y la libertad, es la dominación y la sumisión. Al igual que cuando se suben a sus altos tacones, las chicas crossdressers quieren sentir ese sacudón erótico de vivirse como mujeres ajustando sus tiras y abrochando sus cierres, comprimiendo con ansiedad sus cuerpos de origen masculino que desean ganar esa curva sensual que las lleva de viaje al mundo soñado de la femineidad. El corsette permite liberar toda clase de fantasías eróticas porque celebra la eterna e imperecedera sensualidad de los pechos, las cinturas y las caderas de sus poseedoras. En medio de un constante vértigo de novedades y cambios que propone una cultura en donde sólo parece prevalecer lo efímero, el corsette sigue siendo un elemento intemporal de seducción. Es el recordatorio de que nuestro sexo sigue siendo dueño de un pasado glorioso de cortesanas y cabareteras, de bellas putas refinadas en todas las gracias y todos los placeres; un pasado que está grabado en nuestro inconsciente desde los montmartreanos años de oro del Moulin Rouge y las pinturas de Toulouse-Lautrec.






4 comentarios :

  1. Gran post Mistress, aún recuerdo cuando con quince añitos vi de nuevo la famosa escena de Scarlett y senti algo que no comprendía muy bien....Y una tremenda erección jaja!! Y cuando compre por primera vez el perfume de jean Paul ( el envase me vuelve loca) y la chica de la perfumeria me dijo, pero es para mujer...y yo le dije poniendome muy rojo que era para regalar aunque creo que nunca lo creyo jaja!! Besos Mistress.

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    1. Pero que sissy tan atrevida, perfumarse con Gaultier, mirenla a ella, tan sexy y femenina!

      besos, linda

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  2. Excelente !
    con afecto y respeto
    Commendatore

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